lunes, 1 de junio de 2015

El Mägo de Ôz

Porque hoy me siento solo entre la multitud  y si hay alguien que pueda entenderme, quién si no tú? 
Dime que no estoy soñando, dime que sientes lo mismo que yo. Entonces buscaré el paraíso en tu habitación.
Sentirás que mi amor tiene sed, de que una voz me susurre una caricia o me regale una ilusión. ¿Dónde estás, Libertad? Mi celda es la soledad, el silencio que no calla es el vacío de tu voz. 
No voy a dejarte nunca pues tú eres mi amor  No voy a olvidarte mientras viva  No te cambiaré, tú eres mi primer amor.
Dime en dónde encontrar en otros besos mi hogar, pues en tus brazos yo siempre dormí y me olvidé de sufrir. Solo dime por dónde estarás y si te puedo llamar, pues tengo miedo si vuelvo a caer y no me sé levantar. 

Oigo voces, seres pequeñitos. que me cambian todos los colores: rojo el mar, el campo azul y la jungla color carmín! 
Si quieres ser feliz podemos construir algunos puentes mágicos a otro lugar. 
Sobre el arco iris ya no queda sitio para mí. El camino a las estrellas hace tiempo que cerró. Sólo existe un sitio para mí. 


Ya no hay nadie que te pueda ayudar, ya no hay nada que me puedas dar. En mi alma hay una coraza hecha de dolor. Ya no hay nada que me puedas robar, ya no hay nada para ti, amor. Estoy vacío y sin lagrimas que llorar.
Brindaremos por todos los que ya no volverán. Y que os vaya bonito, nos veremos en un bar. 




lunes, 18 de mayo de 2015

Poderes extraordinarios

Vaya, quiero escribir. De verdad que tengo muchas ganas, pero no se qué es lo que quiero escribir. Ni a quién. Supongo que quiero hablar pero no se me ocurre de qué o con quién tengo ganas en realidad. Es extraño. Yo siempre quiero hablar. En fin...
Supongo que la cosa es que odio sentirme culpable, deduzco que porque en el fondo no me gusta hacer daño a la gente. Bueno, no. No es exactamente así. No me importa demasiado hacer daño a la gente, sobre todo cuando lo merecen. Pero sí que me frustra no poder arreglarlo después. Yo soy más de llamarte zorra y luego darte un beso, por ejemplo. Así que, cuando hago algo que sé que está mal, aunque tenga buenas razones para ello, si después no me puedo disculpar o explicar (pocas cosas me gustan más que explicarme) me empiezo a sentir culpable. Y me quedo con las ganas de hacer las cosas bien.
Pero claro, hay casos en los que no es posible hacer las cosas bien, porque ser bueno no significa que no duela o que no estés enfadado. A veces hacer lo correcto significa hacer lo mejor para las personas implicadas y no lo que querrías hacer. A veces ceder no es una opción. Pero claro, la gente normal después no se siente culpable. ¿Normal yo? Más quisierais...
Y la incertidumbre... esa perra mal hablada... Si tuviera un súper poder sería la empatía o la telepatía... Vamos, cotillear en las mentes de la gente a gogó. Probablemente sería una persona notablemente desequilibrada pero estaría cheíña de razón. Sin duda. Es que lo mucho que jode no saber lo que piensa la gente, estar siempre dudan de si habré hecho algo malo, si habré dicho algo incorrecto, si les habré hecho daño, si me odian, si no me odian... Dioses, es tan agotador tener que mezclarse con la gente. En cambio si supiera lo que piensan me ahorraría muchos problemas (aunque seguro que no ganaría para aspirinas).  Que dirás tú: y te quita el sueño lo que piense la gente? pues no, para que engañarnos, por norma general me da muy igual. Pero como siempre hay excepciones, hay gente que sí importa y hay acciones que provocan una reacción para la que sería fantástico estar preparada. Pero por desgracia mi único súper poder es que puedo beber leche, ya ves, triste pero cierto.
Así que seguiré frustrada por no saber que sienten o que piensan esas personas que a veces me rodean y con las que no confío en mí misma. A falta de que me lo cuenten tendré que seguir esperando mi súper poder...

miércoles, 13 de mayo de 2015

El claro del Bosque Oscuro.

A ojos humanos el bosque parecería oscuro y tétrico. Era un bosque tan antiguo que los inmensos y sabios árboles no dejaban pasar la luz del sol. Cuando los humanos atajaban por él (aunque pocos eran tan valientes o estúpidos) la mayoría tenían una extraña e inquietante sensación. Aquellos con una especial sensibilidad podían notar movimientos por el rabillo del ojo. Pero ninguno era capaz de ver o siquiera imaginar, la vida que ese bosque ocultaba.
Era el Bosque Oscuro, terreno fae. En él se encontraba la Corte de las Sombras, donde Morgana reinaba desde hacía tantos siglos que pocos podían recordar su ausencia. En el Bosque Oscuro nada era exactamente como parecía: las flores no eran sólo flores, solían tener pequeñas y delicadas sílfides. Los árboles eran en muchos casos antiguas dríades que habían decidido echar raíces, literalmente. Las ninfas, los sátiros, los changellings, los pukas, pixies... Tantos seres maravillosos. ¿Buenos? algunos, otros no, otros en parte. Como en todas partes en le reino fae había de todo. Y de lo que más había eran normas.
Las reglas eran sencillas, al menos las más básicas: No permitir ser olvidados por los humanos. No mezclarse con las otras Cortes. ¿Que quiénes son esos? Los de ahí arriba, unos. Los ángeles. Se supone que los faes tienen en parte sangre de ángel y sangre de demonio. En la Corte del Infierno está... bueno, el infierno. Sí, no se cansaron mucho buscando un nombre. Los demonios nunca fueron muy originales, salvo en formas retorcidas de tortura, quizá. Y bueno, obviamente los ángeles están pasadas las nubes. Y no, no son querubines con pinta de niños igual que los demonios no tienen todos apariencia monstruosa. Hay de todo pero... bueno... ya lo dice el poeta, no es oro todo lo que reluce. A los ángeles les gusta jugar, mandar y follar, como a todos los demás. Y por eso existen los fae, las hadas, como vosotros los llamáis.
¿Y de qué iba esta historia? Pues, por supuesto, de un amor prohibido. De qué otra cosa iba a tratar si no... Volvamos al bosque.
En lo profundo de ese oscuro bosque había un claro, un claro rodeado de piedras, que lo protegía de miradas indiscretas. Allí había un único árbol, habitado por una ninfa o dríade. Era un caso especial de dríade, ya que no tenía a su familia alrededor. Estaba completamente sola y aislada en el claro. Únicamente permitía que algunos seres pasaran por el lugar, siempre y cuando fuera en paz y durante un breve tiempo. Nunca dejaba que nadie se quedara con ella. Antaño lo había permitido, incluso se lo permitió a un ángel. Ambos supieron desde el principio que estaba prohibido y que no acabaría bien. Pero no pudieron evitarlo desde la primera vez que habían cruzado sus miradas. Se enamoraron. Pero ella no podía salir del bosque. Así que fue él quien se encargó de... mudarse, supongo que podríamos decirlo. La cuestión es que nadie debía saber hasta que punto estaban comprometidos, sólo podía ser una buena amistad, a ojos del resto del mundo. Pero es la historia de una ninfa... no podía terminar bien. Los pillaron. La nobleza se enteró y los ángeles son muchas cosas, pero no son misericordiosos (eso se lo dejan a Dios, dicen). Hubo peleas, sangre y muerte. Terminó cuando él murió a manos de sus antiguos amigos. Murió cubriéndola a ella y salvando su vida.
"Chain eilfhios a chaoidh dhut air meud mo ghaoil dhut"
Esas fueron las últimas palabras que él le dijo. Y desde entonces ella habita sola en su claro. Recordando y esperando hasta estar preparada para enraizar. Y todas las noches le dice mirando al cielo: "Chain eilfhios a chaoidh dhut air meud mo ghaoil dhut". 

lunes, 4 de mayo de 2015

Silencio

Bajo la lluvia, caminando sin mirar atrás. Escuchando el atronador silencio que salía de los auriculares. Cada paso era un chapoteo con el que borraba el reflejo de las nubes tormentosas. Las gotas de agua bajaban por su espalda pero ella apenas las notaba. No era consciente del ruido a su alrededor, apenas veía a la gente que se cruzaba. Solo el silencio y el vacío. Ese inmenso y ensordecedor silencio. No se escuchaba ni siquiera a si misma. Nada.
"Mierda! Se me paró el mp3 otra vez"
Sí. El silencio no era un metáfora. Realmente tenía unos auriculares que la aislaban del exterior y de los que no salía una nota de música. Y es que estaba tan concentrada en su desgraciada vida que ni siquiera se había dado cuenta. Igual que no había notado lo mucho que había aumentado la intensidad de la lluvia.
"Uy, bien por mí. Lo que llueve y yo en medio del monte... en fin... "
Como ya no tenía remedio y estaba a más de media hora de su casa decidió disfrutar de la lluvia y del río. Volvió a encender la música y al ritmo de David Bowie levantó la cara y disfrutó de la mojadura. Con los brazos extendidos giró sobre si misma, rodeada de casas en ruinas, malas hierbas y un río con exceso de coliformes.
"Si existe Dios... está en la lluvia".
Sonó un trueno, e incluso por encima de las dudas del Sr Bowie acerca de la posible existencia de vida en Marte, se dio cuenta de que ese momento de paz y soledad bajo la lluvia había terminado. Más le valía salir por patas. Sin correr, despacio y buena letra, recorrió el escurridizo camino que tantas veces había repetido. Siguiendo las orillas del río hasta llegar a casa. Sola y en silencio, tal y como había salido. Es verdad que en ese paseo no encontró lo que buscaba, pero consiguió estar tranquila consigo misma, algo que casi ni recordaba...

viernes, 17 de abril de 2015

Las necesidades del ser necesitado.

Una de las emociones más tristes es no sentirse necesitado. Creo. Porque no sentirse querido es terrible, pero si te necesitan (aunque no te quieran) por lo menos eres útil, y sabes que tu existencia significa algo. No me malinterpretéis, no sentirse querido es una mierda, os lo digo yo, por experiencia. Pero sigo pensando que es aún peor no sentirse necesitado. Es como si no les importaras, no te quisieran y te despreciaran, todo a la vez, con todas las redundancias. Te sientes tan... inútil. Tan vacía y tan falta de valor.
Nunca he tenido problemas (reales) de autoestima. Quiero decir, todo el mundo ha querido ser mejor de lo que es, pero no creo que eso sea por falta de amor propio sino por mero realismo, ya que no somos perfectos. Pero llegados ciertos momentos, la autoestima no es suficiente. A veces no llega con que te quieras a ti mismo. Somos seres humanos, seres sociales, por definición. Necesitamos que nos quieran y nos necesiten. Por mucho que se diga que nadie es imprescindible todos queremos serlo. Y cuando te das cuenta de que no lo eres, de que esas personas que eran vitales para ti no piensan lo mismo, entonces te das cuenta de lo pequeño que eres en el universo. El problema está en que la mayor parte de la inmensidad del universo nos importa una mierda. Me explico. A mí me da igual la gente que podría quererme si me conociera en América, por ejemplo. A mí me importa la gente que conozco, que ya he conocido a lo largo de mi vida. Y me importa cuando confío en alguno de ellos, les quiero (en las diversas manifestaciones del verbo querer) y recibo... nada. O dolor. O desprecio. O indiferencia.
¿Sabéis? Algún día me gustaría que alguien luchara por mí. Supongo que he llegado al punto en que admito que no soy imprescindible para nadie. Y que aquellos que me necesitan me pueden sustituir. Mi importancia es relativa. Todo el mundo acaba por dejar de necesitarme. Así que estoy algo cansada, del mundo, del dolor, de los sentimientos. Me gustaría que algún día, antes de que yo tenga que gritar, o llorar o romperme otra vez, venga una persona que me diga: tranquila, sé lo que te pasa, estaré aquí, contigo, y haré aquello que tú no eres capaz de hacer. Supongo que sólo quiero que venga alguien y cure mis heridas.
Y no hablo de Amor, con mayúscula. Claro que quiero estar enamorada (no, no quiero, otra vez no, aún no, nunca, duele, no más) y ser feliz por siempre jamás. Pero no me refiero a eso. No tiene que ser un enamorado quien luche por mí. Ni tiene que hacerlo todo otra persona. Supongo que sólo quiero que la gente que me quiere (que supongo que la hay) sea capaz a veces de hacer cosas que yo no soy capaz de hacer o de expresar correctamente. Pero supongo que no lo entienden. O no saben qué pueden hacer. O simplemente, no quieren. A saber.
En fin, sé que nadie luchará mis batallas por mí, pero estaría bien que las lucharan conmigo. Por lo menos en la misma medida que yo lucho por ellos.

martes, 14 de abril de 2015

Conversaciones nocturnas repetitivas y novedosas

- Mamá...
La madre dejó de fijarse en la televisión para mirar a su hija, que bajaba desde su habitación después de horas allí encerrada. Por un instante se quedó mirándola fijamente sin creerse del todo lo que veía en ella. Parecía calmada pero los ojos vacíos lo desmentían.
+ Cariño, qué pasa? estás bien?
- No lo sé, me siento rara. Me siento tranquila y calmada. Pero... también me siento ansiosa. Y no consigo dormirme ni concentrarme.
Mientras hablaba la chica se acercó a su madre y apoyó la cabeza en su regazo. Como cuando era niña y quería sentir ese incondicional amor materno. O cuando era adolescente y no sabía cómo expresarse.
+ Llevas mucho tiempo con estos altibajos. Cuando me dijiste que ya no estabais juntos no me preocupé, porque siempre he sabido que eres independiente y autosuficiente. Sé que no necesitas a ningún hombre contigo.
- Pero mamá - interrumpió ella- claro que puedo vivir sin él. Supongo que puedo vivir sin cualquiera. Pero no soy feliz. Es como si me hubieran arrancado una parte de mí. Nunca pensé que tendría que vivir sin él, porque desde la primera vez que hablamos no dejamos de hacerlo y de ser amigos. Y ahora yo he decidido que no puede estar más en mi vida, porque me hacía daño. Y no sé si me equivoqué, porque creo que me he calmado y ya no estoy hipersensible, pero sé que aún lo quiero en mi vida, sea como sea. Pero esto ya lo he dicho antes. Y ya sé cómo acaba: lloramos y uno dice que no puede más y hay que volver a apartarse y pasar con lo mismo.
A medida que hablaba la chica iba acelerando y sentía cada vez más ansiedad, agarrada a su madre y sin abrir los ojos.
- Pero aún así vuelvo a querer hablar con él. Vuelvo a querer que entre en mi vida, o encontrármelo, lo que sea. Aunque sea un patrón continuo. Incluso prefiero el dolor a que desaparezca del todo. Es horrible...
+ No lo entiendo, entonces... qué quieres?
- Yo que sé. Dejar de sentirme mal, dejar de estar triste, ansiosa, deprimida, lo que sea esto, supongo. Quiero que me vuelva a querer... es patético. Y quiero hablar con él. Que me demuestre que de verdad le importo. Pero nunca ha entendido que el silencio no es una demostración de nada. Y en estos años no fui capaz de hacérselo entender así que... en realidad no sé a qué le doy vueltas. Nada va a cambiar.
+ No sé qué puedo hacer por ti. Salvo repetirte que no has hecho nada malo. No lo has hecho mal. Y dicen que mejora. Ya encontrarás a otro. Y si no, siempre tendrás a tu madre.
-Pues mira tú, creo que solo por eso tendré que buscarme a otro. Gracias mami. Me voy a intentar dormir... otra vez.
En esta ocasión la chica durmió al cabo de unos minutos, desahogarse siempre la había relajado. En cambio fue su madre la que tardó en dormirse, preocupada por su hija. Por lo visto se habían equivocado con la importancia que tenía aquel chico en la vida de su niña.

sábado, 11 de abril de 2015

Cómo hemos cambiado. Qué lejos ha quedado...

Hace mucho tiempo, cuando aún hablábamos y nos contábamos todo, teníamos una relación especial. Creo que nunca había sido tan feliz como cuando los tres nos hicimos tan amigos. Ellos dos y yo. Recuerdo noches muy largas hablando y viendo películas. Con uno o con otro. No penséis mal, no era que me los tirara a los dos, solo eran mis amigos, muy buenos amigos.
Y uno u otro estaban siempre ahí, conmigo. La verdad es que fui muy posesiva y egoísta con ellos, supongo. Los quería para mí. Quería que estuvieran siempre disponibles para mí. Pero espero que aún así yo también fuera una buena amiga para ellos y que la importancia que ellos tenían para mí fuese equivalente a la inversa.
La cuestión es que poco a poco, lo sentimientos de él fueron... cambiando. O fueron menos sutiles. Y yo me di cuenta. Y sentía curiosidad. Y le tenía muchísimo cariño, Y me gustaba, para qué negarlo. Puede que no estuviera enamorada de él, pero... bueno. La curiosidad mató al gato (y tanto...). Y nuestras conversaciones eran muy personales. Nos contábamos todo, creo. O casi. Cada vez que yo estaba agobiada en casa o intentaba ser responsable en la facultad y no lo conseguía. Cada vez que él estaba agobiado y se iba a pasear solo en la oscuridad. Y siempre le decía: cuando estés mal llámame. No me muestres solo tu cara feliz. Supongo que no me di cuenta que debía ser yo lo que le hacía feliz (y que no se puede cambiar a un hombre). En fin... Y entonces la cosa cambió y yo tenía dudas. Y él no era tonto. Y el otro andaba por ahí, amigo de ambos. Pobre. Los tres éramos los tres pero todo se empezó a descompensar... Hasta que dejé de dudar y dar vueltas, y di el paso. Y él estaba ahí, dispuesto y feliz. Tan feliz. Intenté hacer las cosas bien... y bueno, tan mal no salieron... hasta hace poco (no volvamos a lo mismo).
La cosa es, que mirando tan y tan atrás me doy cuenta de cuánto hemos cambiado y cuánto fue cambiando la relación. La de los tres. Para bien y para mal. Madre mía, las conversaciones de entonces y las de hace tan solo un año no tienen nada que ver. ¿Cómo llegó todo a su estado actual? ¿Cuándo pusimos barreras y tabúes?
Y lo que más rabia da, es que creo que mi cambio ha sido más... suave. Soy esencialmente igual (obviemos mi estado actual de desmotivación, depresión y todas esas cosas horribles) aunque cambiara mi relación con él, aunque fuera sin querer y sin darme cuenta. Pero él... leo lo que escribía hace seis años y no sé dónde ha quedado ese chico dulce, sincero, vulnerable, bueno y detallista. ¿Qué he hecho con él? ¿Porque me parece que ha cambiado tanto? Y sé que no es verdad, que no ha cambiado tanto. Sigue siendo bueno. Y seguro que también dulce y detallista. Sé que es vulnerable. Pero conmigo... ya no lo veo. Sólo veo lo que mi cinismo y mis dudas han hecho con él. Y me siento culpable y mal, porque yo sólo quería hacerle feliz.
En una de esas conversaciones, de hace años, de antes de que todo se aclarara y diéramos el paso definitivo adelante, después de un rebote personal con pataleta incluida y provocar en él una pataleta personal y justificada, me dijo que viviría mucho mejor si fuera como el resto de "escoria humana", pero que él daba mucha más importancia a cosas como la amistad. Y esa parte horriblemente cínica de mí sólo puede pensar: ¿Te sientes bien ahora, siendo como esa escoria? ¿Tu vida es mucho más fácil y feliz?
Supongo que nunca lo sabré, porque no voy a preguntárselo (tampoco me contestaría, como si lo viera)... hay cosas que se piensan pero nunca terminan por decirse. Y él lo entenderá mejor que nadie. Aunque a estas alturas todos sabemos que me gustaría escuchar su opinión... ¿Adivináis con qué animal me comparan?